Jubileo de Roma: testimonios (III)
Perdonad la tardanza. Os dejamos con otro testimonio del jubileo de Roma. Os dejamos ahora el de María García-Montoto, desde Cáceres.
Las largas trayectorias en bus, el calor, dormir bajo la lluvia, el cansancio, el agua con gas, las ampollas en los pies, o las interminables colas de gente. Definitivamente, Roma ha significado salir de tu zona de confort.
Pero no solo eso.
Yo me quedo con cada kilómetro recorrido, con cada risa, cada persona, las canciones que sonaban de camino hacia la playa de Mataró, y que siguieron sonando a pesar de la lluvia, los bailes en la playa de Alassio, aquel primer encuentro en Madrid, el Perdón de Asís en Trastévere, el compartir en la Iglesia del Antonianum, el mensaje de aquella pulsera-“Gratis lo recibisteis, dadlo gratis”- la misa a las puertas del Vaticano, aquel rosario irlandés, las monedas en la Fontana di Trevi, cruzar la puerta santa, el corazón que dibujamos en aquella bandera lituana, ver al Papa tan cerca, el viaje a Asís y la visita a la tumba de san Francisco. Esto es una pequeña parte de lo que este Jubileo me ha regalado.
Pero sin duda, nunca me olvidaré de lo que viví en Tor Vergata. Aún recuerdo aquel fragmento de la conversación que escuché: “Toda esta gente, toda esta multitud, está aquí por una misma y única razón”.
Para mí no cobró sentido hasta que no se hizo de noche. Justo en el momento de adoración al Santísimo, durante la Vigilia. Un millón de jóvenes en silencio ante Él. Ahí fue cuando me acordé de aquellas palabras y fui consciente de lo grande que era todo esto.
A mí, Roma, me ha devuelto la Esperanza. Ahora solo hace falta llevársela al mundo.




