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TESTIMONIO 3 DE LA JMJ'23 EN LISBOA

01 Septiembre 2023

Tenemos hoy la suerte de contar con el testimonio de Sofía Conesa, que ha participado en la JMJ junto con sus compañeros del colegio franciscano de Cartagena. ¡Esperamos que os guste!

Hace unas semanas tuve la suerte de poder ir a la JMJ. A decir verdad iba con unas ganas increíbles de hablar con mucha gente, escuchar al Papa y disfrutar, diría que casi como todo el mundo. Sin embargo, Dios siempre nos sorprende, incluso en lo pequeño. Al llegar me impresionó la cantidad de gente que había, pues, aunque yo esperaba ver miles de personas, nunca imaginé tal cantidad de jóvenes reunidos por una misma razón: su amor por Jesús. Era siempre una alegría poder hablar con personas de otros países que compartían lo que ellos habían vivido e intercambiaban detalles que a día de hoy conservo con cariño y emoción.

Con el paso de los días fui conociendo más a fondo a un pequeño grupo franciscano de Madrid. Definitivamente son un regalo. Es sobrecogedor conocer personas que aman dándolo todo por los demás, sin juzgar, sin poner excusas, y siempre con una sonrisa amable. Personas con gran interés por su religión y que intentan vivirla al máximo, siendo así ejemplo de sencillez y humildad. Pero la experiencia no se queda solo en ese pequeño grupo; las personas con las que yo me embarqué en esta aventura fueron siempre un punto de apoyo, un hogar en el que nos reíamos y cantábamos a pesar de lo que estuviéramos pasando. Los frailes fueron un ejemplo de amor incondicional y dedicación a los jóvenes que nunca podré olvidar. Fueron diversión, dinamización, fuente de oración y comprensión, ánimo y ejemplo.

En cada una de estas personas, Jesús me mostraba su rostro, y esto no lo comprendí hasta hace unos días porque a veces somos ciegos cuando más queremos ver. Las palabras del Papa fueron cuanto menos conmovedoras. No hubo ni una sola vez en la que no se me llenaran los ojos de lágrimas, pues sus palabras transmitían la clave del cristianismo: amor. Un amor que sobrepasa todo lo humano y que nos anima a querer levantarnos y ponernos en camino.

Para mí, la JMJ ha sido un gran impulso para compartir con mi entorno lo que realmente es la Iglesia. Una Iglesia que está abierta a todos, que está viva y llena de jóvenes que la nutren cada día con sus dones. Por otra parte, ha sido una experiencia de alegría inmensa que me obliga a tener que dar gracias todos los días por tantas cosas que me regala Dios donde y cuando menos lo espero.